#114 / El expolio silencioso de la ermita de Santa Cruz en Montes de Valdueza
- Luis García Prieto
- 10 feb
- 3 Min. de lectura
La ermita de Santa Cruz de Montes de Valdueza, una construcción modesta y casi desconocida en la Tebaida Berciana, fue durante siglos un testimonio de la historia y la fe de santos y eremitas. Sin embargo, en 2007, fue expoliada, perdiendo gran parte de su valor patrimonial y simbólico.
La piedra desaparecida no era solo un bloque más en una fachada de lajas oscuras. Era una inscripción del año 905, que recordaba la dedicación del templo a la Santa Cruz, a María, a los evangelistas, a Juan Bautista. Era la prueba viva de que este lugar, a pesar de su aspecto humilde, estaba en pie desde hace más de mil años. No era visigoda, como se dijo erróneamente en algunos medios, pero sí formaba parte de un legado altomedieval de enorme valor.
Su desaparición coincidió, curiosamente, con el anuncio de que sería prestada para una exposición de "Las Edades del Hombre" en Ponferrada. Esa misma tarde del 4 de marzo de 2007, todas las piezas antiguas empotradas en la fachada fueron retiradas de forma precipitada, supuestamente “para evitar males mayores”. Lo que quedó fue un hueco enorme, piedras caídas y una estructura apuntalada con dos maderos. Y muchas preguntas sin responder.
La ermita tiene una historia tan accidentada como el camino que conduce hasta ella. Sus orígenes se remontan al siglo VII, cuando un discípulo del monje Valerio del Bierzo —Saturnino— levantó un pequeño oratorio junto a una cruz de madera, en un risco sobre el río Oza. Tras siglos de silencio documental, fue recuperada a finales del siglo IX por Genadio, figura clave del monacato berciano. Desde entonces, la ermita ha vivido derrumbes, reconstrucciones y desplazamientos. La última gran reforma, en 1723, la ubicó junto al camino actual, que conecta con el canal romano CN-1.
Aunque de apariencia sencilla —más arquitectura rural que templo monumental—, su fachada conservaba piezas excepcionales: una cruz griega flanqueada por el alfa y la omega, fragmentos de frisos visigodos, un dintel ajimezado, dos pequeñas columnas y, sobre todo, esa lápida fundacional que hoy sigue desaparecida. En conjunto, formaban un retablo pétreo de la historia cristiana primitiva en el noroeste peninsular.
Pero más allá del caso puntual, el robo de esta pieza forma parte de una larga lista de agresiones al patrimonio rural de la Comunidad de C. y L. Ejemplos hay para llenar varios artículos, como ejemplos de un patrón inquietante: monumentos que se exhiben en folletos turísticos, pero que en su lugar original carecen de vigilancia, mantenimiento o presupuesto.
En Montes de Valdueza, los vecinos se sintieron desprotegidos y frustrados. Ya en 1990 se intentó trasladar estas piezas a otra exposición. Entonces, la presión vecinal lo impidió. En 2007, no hubo aviso previo ni consulta pública. Solo el vacío.
La historia de la ermita de Santa Cruz no es solo un caso más de abandono rural. Es un síntoma. Habla del divorcio entre las instituciones culturales y las pequeñas comunidades que custodian, con más voluntad que medios, la herencia de siglos. Habla de un país que protege mejor los museos que los lugares donde la historia sucedió.
Como contrapunto esperanzador, a principios del año 2020, se dio por finalizada la restauración de la ermita de Santa Cruz. Consistió en la recuperación de su retablo, y el arreglo de la cubierta. Y bajo el auspicio del Proyecto Genadii, se colocó una réplica de este bajorrelieve, con un panel explicativo a su lado.
Para saber más, en el excelente artículo de Rafael González Rodríguez, aparecido en su web:
Y visita esta ermita de Montes de Valdueza con la ruta 1 RTDP Peñalba a Montes y Canal CN-1, ya en la web.





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