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#122 / CASTROS DE PONFERRADA

  • Foto del escritor: Luis García Prieto
    Luis García Prieto
  • hace 15 horas
  • 2 min de lectura

Tres mil años, centena arriba y centena abajo. Tres mil años en los que estas humildes elevaciones han visto pasar generaciones, nevadas, enfrentamientos fraternales, el llanto de los recién nacidos, hambrunas, osos cabreados, y un destacamento militar romano que les sugirió —espada en mano— que se bajaran al valle.

Según el Catálogo y Normativa Arqueológica, Tomo II del Ayuntamiento de Ponferrada, en el término municipal hay 16 castros. Comienzan en su mayoría en la Edad del Hierro I, pasan por la Hierro II y la Romano Altoimperial hasta llegar a la Tardorromana. Del 800 antes de Cristo hasta el siglo VI. Muchos son accesibles, se pueden pisar y recorrer apartando jaras y espino. El legado oculto de los que estuvieron antes.

No estaría mal que desenterraran alguno. Tenemos cerca el Castrelín de San Juan de Paluezas, tan accesible desde Ponferrada que casi lo sentimos nuestro. Ver el esqueleto de lo que fueron las viviendas, recorrer sus ínfimas calles, nos da una aproximación a esa vida. O el de la Peña del Hombre, en el municipio de Priaranza del Bierzo.

Con esta serie de cuatro castros tenemos un objetivo modesto, y al mismo tiempo más difícil: que quien lea acerca de ellos decida subir. Que ponga el pie donde otros lo pusieron desde hace veinticinco siglos. Que se detenga un momento en lo alto y sienta, aunque sea vagamente, el peso de todo aquello que ya no se ve pero que estuvo ahí.

Los cuatro son distintos, como son distintos los lugares y las historias que cargan. Está el castro de Valdefrancos, que podría nombrarse como Castrillo. El de Toral de Merayo, que lleva mirando al pueblo desde siempre. El Monte Castro de Columbrianos, visible desde cualquier punto de la ciudad. Y la Corona de Villar de los Barrios, habitado desde el Hierro I hasta la época romana, que lleva su nombre con la naturalidad de las cosas que no necesitan explicación.

Cuatro castros, cuatro caracteres, tan próximos que es casi obligado el conocerlos.



 
 
 

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