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#125 / CASTRO DE TORAL DE MERAYO

  • Foto del escritor: Luis García Prieto
    Luis García Prieto
  • hace 6 días
  • 3 min de lectura

Es, sin lugar a dudas, el castro con mejor acceso de cuantos figuran en la relación de yacimientos del término municipal de Ponferrada. Y como esto es, ante todo, una guía enamorada del transporte público, no hay nada más sencillo que bajarse en la plaza del Nogaledo de Toral de Merayo, última parada de la línea número 2 del SMT —que los fines de semana pasa a convertirse en la número 1—. Sin aviso, la mirada no tiene más remedio que alzarse: un cerro de presencia poderosa, revestido de encinas, robles y maleza, que no amenaza pero tampoco se ofrece de cara. Está ahí. Ha estado siempre.

Apenas ciento veinte metros separan la bulliciosa plaza de la cumbre, pero en ese desnivel se condensa una distancia mucho mayor: la que separa el tránsito cotidiano —los bares, los niños del colegio, el supermercado— del punto donde empezó todo. Porque este castro lleva habitado desde el siglo V antes de Cristo, en la Edad de Hierro II. Y sin embargo, muchos de quienes viven a su sombra lo miran como se mira un monte cualquiera, una elevación sin mayor importancia. El cerro está tan pegado al pueblo, es tan parte del paisaje de cada día, que ha terminado por volverse invisible. No se esconde, como otros. Le basta con estar demasiado cerca.

Es quizá el único castro del municipio que convive así con los vivos: no en el horizonte, no al final de una caminata, sino ahí mismo, asomando por encima de los tejados, presente en cada mirada distraída. Veinticinco siglos de antigüedad y un supermercado al pie. La historia y el olvido, a ciento veinte metros el uno del otro.

Subir no entraña mayor dificultad que la paciencia y el control del latido. Basta con apartarse del pueblo más allá de la iglesia de El Salvador y tomar un camino de tierra que se desvía del asfalto hacia Ozuela. Es un ascenso breve, que se repite con variaciones mínimas en otros castros del entorno: el mismo gesto, el cansancio leve o embravecido, la misma sensación de estar abandonando el presente para entrar en una geografía más antigua. Desde la ladera se entiende mejor la decisión de aquellos castreños de descender un día a la fértil vega, hoy territorio de huertas, viñas y cerezos. También se entiende que no estaban solos: desde aquí se establecía un diálogo visual y simbólico con otros altos cercanos, también identificados como castros, una red de asentamientos que se vigilaban, se reconocían y se necesitaban. Ninguno era una isla. Todos formaban parte de una misma conversación de piedra y humo.

Conviene advertir que las vistas han de disfrutarse durante el ascenso, porque la cima se reserva el derecho a ocultarse. La vegetación cerca el espacio, niega el horizonte y obliga a una experiencia que repiten muchos de estos asentamientos: mirar hacia dentro. La parte alta es una planicie, semejante a la de otros enclaves prerromanos de El Bierzo. No hay singularidad formal, y quizá ahí radique su importancia. Bajo los pies, invisibles pero persistentes, descansan restos de construcciones similares a las que aún pueden reconocerse en el castro de San Juan de Paluezas: muros bajos, hogares circulares, arquitectura pensada para durar y desaparecer al mismo tiempo.

Ascender a este castro es, en cierto modo, ascenderlos todos. Cada uno repite, con pequeñas variaciones, una misma idea del mundo: altura sin ostentación, dominio sin exceso, refugio antes que monumento. Un sistema antiguo y orgánico donde el paisaje no se conquistaba, sino que se habitaba con cautela.

Uno baja con la sensación de haber visitado un lugar concreto y, al mismo tiempo, muchos. Como si cada castro berciano hablara de los otros. Como si todos formaran parte de una sola memoria repartida en cerros distintos.

Y abajo, la plaza. Los bares. Los niños. El supermercado. El cerro, ahí todavía, mirando.

 

CÓMO LLEGAR

SMT.

Líneas 2 y 1.

Transporte a la Demanda.

Miércoles y viernes.

 

Más info en:

Ponferrada. Guía Básica de su Transporte Público.




 
 
 

1 comentario


Andres Lopez
Andres Lopez
hace 6 días

Sorprendente. Pasando con la bici por los alrededores y ni idea. Gracias Luis

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