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  • Luis García Prieto

#28. Lobos de cuatro patas.

En El Bierzo ha habido, y sigue habiendo, un buen número de lobos. Pero son los de cuatro patas los que más interesan a Toño Criado, el afamado periodista y escritor ponferradino. Tras dos décadas de investigación, logró recuperar historias en las que los lobos son protagonistas. En Lobos por El Bierzo, que vio la luz en 2012, se recuerda la extraña muerte de varios niños en Corullón a finales de 1800, a los licántropos que haberlos haylos, al famoso tamboritero Antonio García y a su discípulo Mateguines. Que a nadie le extrañe que, paseando por Ferradillo o bajo los Doce Apóstoles, entre Ozuela y Valdecañada, o por los sotos de Priaranza, se le cruce un lobo y le mire como en un reflejo.

Estos extractos nos lo regala el propio Criado:

La mayoría de los corrales como vemos estaban situados en la zona de Ancares pero también eran numerosos en poblaciones como Riego de Ambrós que le llaman la Casa del Lobo y en Palacios de Compludo podemos visitar uno que ha sido recientemente arreglado por el pueblo. Tiene tres metros de altura y es casi cuadrado. Los lugareños decían que incluso tenía una tabla falsa en las losas que al subir el lobo lo precipitaba dentro. A la vuelta podemos tomar la deliciosa tortilla de patatas en el mesón de Cándida y Carlos en Compludo y contemplar un sorprendente “nido de tártaros”.

Para ir a buscar el ganado que se escapaba, rezaban sobre todo por Borrenes y Priaranza a la Virgen de la Estrella. Ella los defendía presentándose ante el lobo con un manto y tapada su cabeza. Entonces el lobo enseñando los dientes le decía, como perdonándola: “!Ah! Doute a vida esa da capeluza, sino…“.

En 1606 el libro de acuerdos de Carracedo recoge que los lobos eran tan abundantes en El Bierzo que se dio una provisión real para matarlos a instancias del propio convento de Carracedo. En Quintela de Barjas se manda en otra ordenanza a los vecinos que han de obedecer al mayordomo cuando fueran llamados para reparar puentes, camino o cazar lobos.

Y en Carracedo, un pastor llamado Antonio Pérez roció con aceite de enebro la cabeza de la estatua de Alfonso VII, que está al lado del abad Florencio, a la entrada de la iglesia de Santa María. El pastor quedó ciego al instante. Pero recobró la vista, tras su arrepentimiento, cuando acudió descalzo y con una vela en la mano, a pedir perdón al benefactor del monasterio.

Pastor que adoras el viento

y el cantar de tu rebaño,

piensa que algún desengaño

sufrirá tu pensamiento,

porque a pesar del fermento

que protege tu bonanza

siempre tendrás la venganza,

para dejarte amargura

aunque vivas de esperanza.

Amalio Fernández.

En la documentación de Carracedo abundan sobremanera, durante toda la Edad Media, los nombres de Lupo y Loba. En Carracedelo había una mujer llamada la tía Olaya y tenía por costumbre decir: “malos lobos te coman”. Al llegar la siega, le tocó a ella quedar una noche a proteger el grano, ya que era comunal. Pues vinieron los lobos y se la comieron (A. Fonteboa).

El libro de la Montería de Alfonso XI, cita como lugares idóneos para las bozerías o batidas, los montes de Santa Lucía, Ozuela y Rimor, con sus lugares de La Encrucijada o Peña Otadeira.

En 1944 en la Corona o Barranco del Lobo enfrente de Santa Lucía, Isaac, con sólo diez años, pastoreaba un gran rebaño de cabras y ovejas. De pronto cayó una tremenda granizada. Las cabras, más listas enseguida tomaron despavoridas el camino del pueblo. Sin embargo, las ovejas, despistadas, se metieron entre las escobas. Isaac siguió el camino de Ozuela porque ya era de noche. Al día siguiente, encontraron 30 muertas. La mitad por la tormenta y el resto por los lobos. Sólo una de ellas, llamada Morita, sobrevivió porque saltó presa del pánico a lo alto de una peña que ni los lobos podían alcanzar. A Isaac, desde ese momento, le eximieron de realizar las labores de pastoreo y le vino bien porque se convirtió unos años después en un gran empresario hostelero de Madrid.

Un agricultor de Ozuela me dijo que dejó en el monte un borrico muerto, y al lado, en una encina, dejó olvidada la chaqueta. Los lobos ni se acercaron. Al día siguiente recogió la prenda y por la noche ya se lo comieron (en la muerte del asno no pierde nada el lobo) o (mueren los asnos y entierran los lobos).

Los de arriba mataron un burro,

los de abajo lo comieron crudo.

En Ozuela, Eladio Rodríguez, que vivía al lado de Carujo y Josefa, nos contaba que yendo a Ferradillo le pilló el agua y la noche. Los lobos ven muy bien en la oscuridad. De pronto sintió un “qusquilibris”, que le hizo temblar los dientes y le parecía que la gorra se le escapaba de la cabeza. Miró para atrás y no vio nada, a los lados tampoco, pero cada vez tenía más miedo. Hasta que llegando a Santa Lucía oyó detrás como un soplido. Se volvió y eran dos lobos enormes, a los cuales le brillaban los ojos. Le comenzaron a vibrar las piernas pero se encontró a dos hombres que bajaban a Ponferrada, por ser las fiestas de la Encina. Al acercarse, los lobos desaparecieron, pero como no podía hablar le tuvieron que acompañar hasta el pueblo. Los dos hombres que bajaban a ver los “fuérganos” (fuegos artificiales) pasaron al llegar a Ponferrada por debajo del ya desaparecido paso a nivel del ferrocarril dónde está el prado del Louro y la llanura de El Lobo.

Otra vez Blas Rodríguez de Ozuela que regresaba desde Valdecañada, comprobó porque decían que “os lobos traballan a xente”, es decir los acompañan para ver como reaccionan. Antes de llegar al barrio del Río, le salió uno que empezó a intimidarlo desde los bordes del camino. Dijo al llegar que se salvó porque quitó los calcetines y los fue quemando hasta llegar al pueblo.


Más información:

Lobos por El Bierzo. Toño Criado Fernández.

Editorial Lobo Sapiens.

(La huella de lobo que ilustra este artículo está tomada a finales de diciembre de 2018, en el collado bajo los Doce Apóstoles, en la Guiana).

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