#119 / PUENTE DE VILLAVERDE
- Luis García Prieto
- hace 2 días
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Actualizado: hace 7 minutos
UNA DESGRACIA
Un frío 3 de febrero de 1963, una docena de jóvenes caminaban de San Juan de Paluezas a Villaverde de la Abadía, a la verbena de San Blas. No es difícil imaginar la alegría y el paso confiado. A buen seguro, a alguno de aquellos chicos y chicas debió de hacérsele un nudo en el estómago cruzar aquel puente sobre unas aguas con el ímpetu del invierno. La recompensa bien valía el tránsito. Ese puente ya no estaba en buen estado debido a las riadas. Pero no había otra manera más sencilla de salvar el Sil. La fortuna, la mala, hizo que cediera al paso de la muchachada. Dos chicas se ahogaron sin que nadie pudiera hacer por salvarlas. Aquel día San Blas se alió con el padre Sil para recordarnos que somos mortales.
LOS 4 DEL PUENTE
Ambas orillas quedaron incomunicadas durante 13 años. Hasta que la valerosa iniciativa de cuatro jóvenes del pueblo obraron el milagro: tender otro puente, más de un kilómetro aguas arriba del anterior, para hacer que las gentes de Santalla, de San Juan de Paluezas y los de Villaverde de la Abadía pudieran transitar de nuevo. El río Sil, con su caudal cambiante y su carácter a veces indómito, marcó siempre el ritmo de la zona, domesticado en parte por el embalse de Bárcena. Cruzarlo no era un simple trámite. Para muchos vecinos suponía largos rodeos o depender de barcas inseguras, como en Villadepalos. El puente vino a resolver ese problema de manera directa. De repente, las huertas, los castaños, las viñas y los caminos de la otra orilla dejaron de estar tan lejos y tan cerca.
La historia de su construcción explica buena parte de su significado. Aquel ya lejano año de 1976 no hubo grandes partidas presupuestarias, informes técnicos ni proyectos institucionales. Fueron los propios vecinos quienes decidieron levantarlo en los años setenta del pasado siglo. Entre ellos destacó Ventura Álvarez, uno de los impulsores de la iniciativa, que coordinó los trabajos con otros habitantes del pueblo. Tenía 25 años y, como a sus compañeros, no le faltaban ganas ni determinación. Ventura y sus compañeros pasaban una cuerda de un lado al otro del río y, asidos a ella, cruzaban a nado transportando los materiales con los que levantaban el puente. Así, entre brazada y brazada, iban dando forma a la obra. Llevaban calderos de hormigón de una orilla a otra para asentar los cimientos de la estructura, algo solo al alcance de los buenos nadadores. Usaron la abundante madera de los chopos para las tablas, y la grava del río para hacer cemento. Los cables de acero vinieron de una acería de Bilbao. Lo hicieron tan bien que en sus cuarenta y nueve años, sólo fue necesario volver a tensarlos una vez.
El resultado fue una pasarela sencilla, funcional, ligeramente oscilante bajo los pasos, pero firme en su propósito. Durante décadas permitió acceder a fincas y conectar orillas sin depender de soluciones precarias. Más que una infraestructura, era una extensión del propio pueblo.
BARRANCAS Y CASTRELÍN
Aunque Ventura recordaba que la intención primera fue comprar unas viñas al otro lado del río, convencidos de que allí nunca helaba, su empresa y las de sus amigos fue más allá en todos los sentidos. No solo benefició el tránsito de personas, ayudó al conocimiento del Sil y al ecosistema que se extiende por su cauce. Facilitando el paso a las fantásticas Barrancas de Santalla —uno de los parajes más singulares de El Bierzo— y al Castrelín de San Juan de Paluezas.
Las rutas donde se detallan estos trayectos están en la web:
5 RCBP Barrancas y ermita
9 RCBP Al Castrelín de SJ Paluezas
50 ANIVERSARIO
En este 2026 se hubiera cumplido el 5o aniversario de la construcción, fecha que bien hubiera merecido un homenaje, una placa, algo de comer y beber con fiesta de gaitas y hermanamiento. Aunque a veces el clima se desparrama, ebrio de invierno, y desbarata el plan. En este comienzo de año, los pluviómetros han rebosado de agua y nieve, que eso está bien aunque su exceso enmohece el alma. El Sil, como un animal que odia las bridas, se quitó el puente de encima en un funesto 12 de febrero, no por maldad, si no por su naturaleza indómita.
Ventura falleció el 17 de julio de 2023 a los 87 años en Villaverde de la Abadía, el último de los “4 del puente”. Hubiera asimilado con profunda tristeza saber que su obra, había sucumbido al designio del Sil. Pero, sin conocerle personalmente, a buen seguro que el anciano aún atesoraba ese espíritu de juventud, el mismo que le llevó en asociación con otros con su mismo empuje. Y que tras el abatimiento, hubiera anhelado ponerse manos a la obra, aunque solo fuera en sentido figurado.
Quiero pensar, como todos los que amamos estos parajes a ambos lados del río, que el Ayuntamiento de Carracedelo sabrá poner las cosas en su sitio: reparar, reconstruir y devolvernos la imagen del puente. Ver de nuevo los cables de acero al sol, sosteniendo una estructura tan fuerte y, a la vez, tan frágil como una cometa en el cielo.





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