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#105 / SAN BENITO DE PALERMO

  • Foto del escritor: Luis García Prieto
    Luis García Prieto
  • 19 sept
  • 5 Min. de lectura

Un santo de Palermo en Molinaseca. No es mal titular. Y encima negro, que no tiznado por el paso de los años, que se entienda esto como una singularidad. Santos negros no abundan en la iconografía cristiana, y mucho menos en la comarca berciana. La primera sombra y fuente que se encuentran los peregrinos al vislumbrar Molinaseca se les ofrece en el Santuario de las Angustias, tras un descenso pedregoso no exento de peligros, que la asociación de la piedra y el hueso nunca ha dado buenos frutos. Quizá no lo arreglan para que el calvario lleve al éxtasis de llegar al pueblo más bonito del Camino. Fue construido en el siglo XI sobre una antigua ermita que se asentaba en el mismo lugar. Se encuentra tan arrimado a la montaña que cualquiera diría que, tras un meneo telúrico, la vieja ladera del castro prerromano —quizá el germen de Molinaseca—, acabará devorándolo.

El edificio actual data de 1705, tras una reconstrucción forzosa por un incendio. De estilo barroco, cuenta con una altísima torre campanario sobre la entrada principal y dos pórticos con arcos. Su planta es de una sola nave, y la cabecera está cubierta por una cúpula acristalada que se apoya en arcos de medio punto. En el interior, el elemento más destacado es el gran retablo de estilo churrigueresco, presidido por una rica decoración.

Pero si uno no recorre con calma la nave, puede pasar por alto una talla singular, ubicada discretamente sobre una repisa: San Benito de Palermo. Me llamó la atención desde la primera vez que la vi. La guía local no sabía mucho de ella, más allá de lo obvio. Contó que, en cierta ocasión, pasaron por allí dos peregrinos palermitanos que, al encontrarse con la imagen, se conmovieron hasta las lágrimas. Poco más sabía ella de la vida y milagros de este santo venido de tierras sicilianas.

San Benito de Palermo fue un franciscano negro, hijo de esclavos africanos, que vivió en el siglo XVI. Hay abundante documentación de su vida y milagros. Benito Manasseri, también conocido como San Benito el Africano, el Moro o el Negro, fue canonizado tras un largo proceso en 1807. Pero, ¿qué hace a la vera del Meruelo un santo palermitano?

En la oficina de Turismo de Molinaseca, —donde siempre atienden con exquisita amabilidad y diligencia tampoco sabían mucho más. Gracias a mi amistad con Nicolás de la Carrera, logré contactar con Hernán Alonso Abella, que no tardó en arrojar luz sobre el asunto. De esta manera, pude saber que la imagen de este santo no solo se encuentra en Molinaseca, sino también en Villafranca del Bierzo, en la iglesia de San Francisco. Allí, en la espléndida iglesia que parece erigirse sobre un espigón frente el mar de piedra e historia que es la villa del Burbia, se conserva un busto de San Benito de Palermo, que además funciona como relicario.

El convento de San Francisco de Asís fue fundado en el siglo XIII. Tras la desamortización, fue abandonado por los Franciscanos, quedando la iglesia donde reposan los restos o lo que cada uno quiera pensar de Enrique Gil y Carrasco. Su vinculación con el convento de San Francisco podría explicarse porque el papa Pío IV incorporó a San Benito y sus compañeros ermitaños a la orden franciscana. Ayudó a la decisión papal su fama de santidad y los numerosos milagros atribuidos a él, lo que propició la expansión de su devoción en distintos lugares, donde se crearon imágenes en su honor. Estas representaciones serían, como muy pronto, del primer tercio del siglo XIX, ya que su canonización no tuvo lugar hasta 1807.

No obstante, existen casos en los que ya se veneraba su imagen antes de ser canonizado, en calidad de beato. En Molinaseca, su figura está colocada sobre una repisa, fuera del retablo, lo que sugiere que fue añadida posteriormente a este.


HIPÓTESIS

Esta escasa información nos permite lanzar algunas hipótesis, amparados en la libertad de pensamiento, sobre cómo pudo llegar la talla de San Benito de Palermo a Molinaseca.

1. Impulso de la orden franciscana

Dado que San Benito de Palermo fue incorporado simbólicamente a la familia franciscana por Pío IV, es posible que la difusión de su imagen estuviera promovida directamente por miembros de esta orden. En Molinaseca no hubo un convento franciscano, pero sí existía una red de conventos cercanos (Villafranca del Bierzo o Ponferrada) desde los cuales se pudo promover la devoción. La talla habría sido encargada o donada en el contexto de una campaña de extensión del culto promovida por los franciscanos tras su canonización en 1807.

2. Donación privada tras un voto o promesa

Es posible que la imagen fuera fruto de una promesa particular, como agradecimiento por un milagro atribuido al santo. Esto era habitual en los siglos XVIII y XIX, especialmente con santos de fama popular como San Benito, cuya figura protegía contra enfermedades, males físicos y espirituales. La talla habría sido donada por un devoto local o por alguien con vínculos con América, donde San Benito tenía una fuerte presencia.

3. Devoción traída de América

Durante los siglos XVIII y XIX muchos bercianos emigraron a América, donde San Benito de Palermo era (y sigue siendo) un santo especialmente venerado entre las comunidades afrodescendientes. Es plausible que un devoto regresado (o un familiar de un emigrante) impulsara su culto en Molinaseca. Esta hipótesis cobra fuerza si la talla muestra características artísticas propias del arte colonial o si se documenta alguna relación con ultramarinos.

4. Iniciativa parroquial post-canonización

Tras la canonización de San Benito en 1807, muchas parroquias buscaron incorporar nuevas figuras de santos contemporáneos a sus templos. Es posible que el párroco de Molinaseca, movido por el auge devocional, encargara la imagen a un taller local o regional. Esto explicaría su colocación fuera del retablo mayor y su relativa simplicidad iconográfica, indicios de una incorporación tardía.

5. Intercambio artístico o litúrgico con Villafranca del Bierzo

Dada la proximidad con Villafranca del Bierzo —donde hay otra imagen del santo en la iglesia de San Francisco—, podría haberse producido una influencia directa o incluso un traslado temporal que motivó la réplica o la instalación de una talla similar en Molinaseca. Este tipo de transferencias o inspiraciones eran comunes en el entorno eclesiástico del Bierzo.

El Santuario de las Angustias suele estar cerrado al público. Una animosa persona del pueblo la mantiene abierta unas semanas al año. Y la Junta de Castilla y L. tiene un programa llamado "Monumentos Abiertos" que facilita el acceso gratuito a numerosos monumentos de la Iglesia. Se realiza durante la Semana Santa y el verano, una oportunidad única de poder visitar templos que, por falta de fondos, no pueden estar abiertos.

Una excusa perfecta para visitar dos joyas del patrimonio berciano y de paso saludar al único santo negro que custodia el Camino a su paso por el Bierzo: San Benito de Palermo, en Molinaseca y, también, en Villafranca del Bierzo.


IMPORTANTE:

El Santuario estará abierto hasta el 12 de octubre 2025, de 11 a 13 horas, de lunes a domingo, gracias a Isabel.


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