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  • Foto del escritorLuis García Prieto

#52 El cañón del Boeza

Esta vez es la línea 3 del SMT la que nos acerca al punto de partida. No es una parada final de trayecto, ni está en un pueblo. Se halla a un lado de la carretera a Molinaseca, en el número 100, frente a la urbanización Patricia, antes del cruce a Campo. El amable conductor te ayudará si se lo pides.

La ruta, pese a su relativo corto recorrido, 6 km, no carece de subidas y bajadas exigentes y algún tramo en donde habrá que usar el palo para salvar un paso más empinado. Quizá el Boeza sea el río más olvidado de Ponferrada, eclipsado por el mítico Sil o el Oza, bendecido por santos y eremitas. La primera rampa ya obliga a ganar altura a base de apretar los músculos, hasta que aparece el impresionante cañón del Boeza, labrado durante milenios. Un bosque casi inaccesible crece en sus orillas, favorecido por la abundante humedad, aunque algo umbrío por lo escarpado y su orientación norteña. En Galicia llaman fragas a estos bosques atlánticos, plenos de leyendas.

Caminamos casi paralelos a las vías de ferrocarril del siglo XIX, el que nadie parece querer adelantarlo en el tiempo, con sus curvas y túneles que hubieran hecho feliz al joven Gil y Carrasco en sus viajes a Valladolid y a Madrid. Y por encima, la Senda de los Canteros, que parte de San Miguel de las Dueñas, o viceversa, y que lo permite recorrer en todo su esplendor. Muy recomendable, pero eso ahora nos desvía de nuestra empresa.

El Montearenas, al otro lado del Boeza, y Peña Redonda, por donde transitamos, están salpicados de canteras de granito que surgieron a lo largo de todo el cañón del Boeza. Ya desde el siglo XVI, el trabajo de los canteros acabó siendo parte fundamental de edificios de Ponferrada que aún resisten. El ayuntamiento, la Basílica de la Encina, la Real Cárcel (hoy Museo del Bierzo) entre otros, muestran las jambas, los dinteles, los arcos, signos distintivos de un estilo arquitectónico que llegó hasta el siglo XVIII. Y también en Los Barrios de Salas, formando parte de la sillería de las estupendas casas barrocas, repartidas por Lombillo, Salas y Villar. Sin olvidar Campo, cercano al río Boeza, con la casona de los Luna de la calle Real, o su magnífica iglesia parroquial.

Esta propuesta tiene un nombre: la Senda de los Exploradores. No está claro quién la llevó a cabo, colocando carteles y abriendo veredas. Es habitual que, desde la iniciativa privada, se creen rutas para el mejor conocimiento y disfrute del entorno. La cercana Senda de los Canteros y numerosos caminos en el Pajariel comparten este origen altruista. La Senda de los Exploradores aprovecha los caminos que conducen y conectan las canteras de granito diseminadas por el entorno, en la margen izquierda del río Boeza. Llega a cruzar el río Meruelo, continuando con el Teso del Valle Grande y llegando a Calamocos, por pinares inmensos, robledales y un pequeño bosque de alcornoques que corona la cantera La Encina.

CASTRO CARBAJOS

Quizá pocos habitantes de la moderna Urbanización Patricia sepa que, entre las calles Zarzamora y Madreselva, hubo un asentamiento castreño, del que no queda rastro visible. Tenía unas 2.6 hectáreas, que parece poco, pero es casi tan grande como el parque de El Plantío (su zona arbolada). Planta alargada, con escalonamiento en las laderas este, y aprovechaba la barrera natural del norte y oeste que miran al río Boeza. Mucho se ha escrito de la notable ciudad romana de Interamnium Flavium, cuyo emplazamiento aún sigue siendo un misterio. Gil y Carrasco la sitúa en este Castro Carbajos, argumentando que se sitúa entre dos ríos, y que entre éste y Bérgidum (la actual Castro Ventosa) hay un contacto visual, además de otros argumentos que aparecen en su obra Viaje a una provincia del interior. Hoy esta teoría está descartada pero ¿y si se encontrara algo excepcional un día en que movieran tierras para levantar un nuevo chalé?

PINAR MUERTO

Es difícil encontrar algo tan singular en el municipio y alrededores. No hay un pinar como este en el municipio y entorno de Ponferrada. Seco. Muerto. La sensación al entrar en él es de tristeza. ¿Culpables? El nematodo de los pinos, un exceso de riego, mal drenaje, un suelo poco poroso, un hoyo de plantación mal realizado. Un hongo, la procesionaria, o algún barrenador. Al ascender vamos dejando atrás, no sin cierto alivio, la tristeza de este pinar. En lo alto de Peña Redonda un amplio mirador, sobre todo al este, hacia Molinaseca y los Aquilianos.

Una vez salidos a la acera que es Camino de Santiago, podríamos optar por tomar el cercano bus de la urbanización Patricia, pero sería craso error. Merece la pena continuar como los peregrinos, hacia Campo, por caminos de tierra anchos, que facilitan la labor en las viñas. En el Camino se vive, se disfruta y se muere, bien lo sabemos por Heinrich Krause y su escultura a la salida de El Acebo. En 2005 Joseph Carty, un peregrino irlandés de 78 años, murió en una curva del camino, a los pies del arroyo de Valdegarcía, a las puertas de Campo y sus casonas barrocas. No es mal sitio para morir, con las lomas tejidas de viñas y cerezos y el repique de campanas de la iglesia de Santa María. Una cruz lo recuerda.

Hay una web que repasa los obituarios de los peregrinos:



En nada, nos sale al paso la fuente de Campo, un notable ejemplo de fuente romana. Las lajas de pizarra que conforman la bóveda y, sobre todo, el aljibe transmiten al lugar una paz singular. ¿Cuántas personas habrán calmado su sed a lo largo de estos dos mil años? Paradójicamente, 20 siglos después su agua no es apta para el consumo. A buen seguro, algún peregrino se haya saltado la advertencia, atacado por la sed en los calurosos días de verano.

Tiene varias casonas Campo. La de los Luna, en la calle Real, muestra en su fachada un magnífico escudo, tan bien conservado que pareciera que lo colocaron el año pasado, cuando lleva ahí 3 siglos. Tras la casona de La Bóveda, aparece en la esquina la Escuela Ropero que Manuel González y Yebra Pimentel mandó construir para los niños pobres en 1776. La plaza Mayor se cierra en su lado este con la ermita del Santo Cristo. Y si tienes hambre y sed de mencía o godello, en el Mesón San Isidro te puedas comer sus patatas bravas, y buenos chuletones. Tascón (el de la radio) se deshace en elogios, algo sabrá cuando lleva yendo 30 años a esta singular bodega. Además, el último bus de la línea 3 del SMT sale a las 21:45, así que no hay excusas. ¡Y una de chichos!


¡Sube al bus y camina!


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