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  • Foto del escritorLuis García Prieto

#51 Marqués de Sade y el castaño

¿Qué pasa sin metemos en estas líneas a una tierna damisela, a la flor del castaño, aromas a semen y al marqués de Sade? Antes de que los macarras de la moral intenten desacreditar este blog, esperen, que todo tiene su miga y su ciencia. En junio, ahora mismo, los castaños se engalanan con flores amarillentas, parecería que envidiosos tras ver la del cerezo en abril; no tan vistosas, cierto, pero el fruto que vendrá será alegría de magosto y vino nuevo. Y de castaños por El Bierzo estamos bien servidos, pese al chancro, la tinta y una avispa llegada de China, dicho esto último sin buscar paralelismo alguno con otra plaga/peste ya olvidada. Esta flor despide una fragancia dulce y algo mareante que recuerda al olor del esperma humano. Bien lo sabía el Marqués de Sade, que elaboró un cuento breve titulado La flor del castaño, de turbadora lectura:


Se supone, yo no lo afirmaría, pero algunos eruditos nos lo aseguran, que la flor del castaño posee efectivamente el mismo olor que ese prolífico semen que la naturaleza tuvo a bien colocar en los riñones del hombre para la reproducción de sus semejantes. Una tierna damisela, de unos quince años de edad, que jamás había salido de la casa paterna, se paseaba un día con su madre y con un presumido clérigo por la alameda de castaños que con la fragancia de las flores embalsamaban el aire con el sospechoso aroma que acabamos de tomarnos la libertad de mencionar.

-¡Oh! Dios mío, mamá, ese extraño olor -dice la jovencita a su madre sin darse cuenta de dónde procedía-. ¿Lo oléis, mamá...? Es un olor que conozco.

-Callaos, señorita, no digáis esas cosas, os lo ruego.

-¿Y por qué no, mamá? No veo que haya nada de malo en deciros que ese olor no me resulta desconocido y de eso ya no me cabe la menor duda.

-Pero, señorita...

-Pero, mamá, os repito que lo conozco: padre, os ruego que me digáis qué mal hago al asegurarle a mamá que conozco ese olor.

-Señorita -responde el eclesiástico, acariciándose la papada y aflautando la voz-, no es que haya hecho ningún mal exactamente; pero es que aquí nos hallamos bajo unos castaños y nosotros los naturalistas admitimos, en botánica, que la flor del castaño...

-¿Que la flor del castaño...?

-Pues bien, señorita, que huele como cuando se j...


Llegados aquí, ni la tierna damisela ni el relato van mal encaminados. La sorprendente Naturaleza (rectifico, nada es sorprendente: todo lo es) traza puentes entre las plantas y los humanos. Los botánicos han descubierto que tanto el semen como algunas plantas contienen la espermidina, una poliamina que es la responsable de este olor tan característico. En las plantas juega un importante papel en la germinación y el desarrollo de las flores y frutos. En los animales también se encarga de favorecer el crecimiento y la maduración celular, demostrando que la administración de esta molécula es capaz de prolongar significativamente la vida de las células, por lo que se la denominó la molécula de la eterna juventud.

Así que cuando paseemos en estos días que apuntan al verano por el castañar de Manzanedo de Valdueza, o por el soto de Rimor, o el de Recunco de Priaranza del Bierzo, que a nadie se le haga raro ese aroma dulzón, tan de primavera y encaminado a la reproducción; y que cuente esta historia, convencido de que sacará una sonrisa a quien nos acompañe.


¡Sube al bus, aspira el aroma y camina!

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